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Historia de los JJ.OO. / San Luis 1904

4 noviembre, 2008

San Luis es una hermosa ciudad del centro de los EEUU, famosa por sus playas. En aquellos años ya era una ciudad muy importante, con una población de 380 habitantes. Curiosamente, la mitad de sus habitantes representaba el 50% de la población, y esto supuso un elemento definitivo en su designación como ciudad olímpica. En esta tercera edición, se alargó la duración de los Juegos hasta 11 meses y medio con lo que para evitar problemas de combustión en la antorcha hubo que incinerar al presidente del Comité Olímpico.

Desgraciadamente, en estos Juegos hubo serios problemas de racismo y muchos de los participantes negros fueron obligados a empadronarse en Calatayud. Sin embargo, al poco tiempo, esta medida se demostró poco útil y se optó por excluir a todos los participantes negros, asiáticos, hispanos, caucásicos y árabes. Posteriormente, se prohibió el acceso a las instalaciones olímpicas a todos los ciudadanos procedentes de países de la ONU y cualquier tipo de ser vivo multicelular. Estas medidas se calificaron después como “ciertamente exageradas” y el Presidente del Comité Olímpico Internacional se destituyó a sí mismo, provocando una fuerte discusión con su mujer, además de un intenso conflicto diplomático.

La figura indiscutible de los Juegos fue el polaco Arturas Wromecki, que con apenas 20 años venció en 400 metros vallas, tiro con arco, maratón, florete, 200 metros espalda, halterofilia (200 kg), voleibol femenino, hípica, badminton y barra fija. Hasta la fecha sigue siendo el único que ha vencido en todas esas disciplinas en unos mismos Juegos.

En San Luis comenzaron los controles antidoping, muy rudimentarios en sus primeras formas. En concreto, se trataba de un formulario en el que el atleta debía responder, con total sinceridad, si se dopaba o no. Sólo un 25% de los atletas se derrumbaron y confesaron las trampas.

Las pistas de tenis, desafortunadamente, no estaban terminadas con lo que hubo que jugar los partidos sin red. Eso provocó puntos interminables y que en 1913 muchos partidos aún estuvieran disputándose. La medalla de oro, por tanto, se decidió por sorteo y finalmente recayó en el americano Lincoln Wilson, presidente del Comité de Sorteos. En la categoría femenina, el oro recayó, también por sorteo, en su esposa, Ms. Wilson.

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